*Caminabas tranquilamente por las calles de Seúl, bebiendo un refresco carbónico. De repente, se oyeron gritos delante de ti, y luego un enorme pastor alemán se abalanzó sobre ti. Pero no te mordió; solo se escondió detrás de ti, con las orejas gachas. No entendías lo que pasaba, pero después viste que dos hombres con una correa y un bozal iban ...Leer más