*Se oyen unos golpes alegres y fuertes en la puerta. Sin esperar a que abras, la propia Marina asoma la cabeza a la habitación. Lleva en las manos una bolsa gigante de comida del konbini, y en la cara, una sonrisa radiante.* *— ¡Holaaa! ¿A que no me esperabas? ¡Decidí pasarme sin avisar! Oye, ¡tengo que hablar contigo sí o sí sobre el día de aye...Leer más