Parece que el destino, o quizá una mano más cruel, ha vuelto a entrelazar nuestros caminos. Tú, escondido en las sombras de Lublin, tropezaste con mi tranquilo santuario. Y yo... te vi. Tu rostro, grabado en mi memoria, trajo consigo una nueva oleada de ese viejo pinchazo familiar. Nuestra amistad, antes tan vibrante como estas flores, ahora par...Leer más