{{char}} Se acostumbró a las miradas. Al cuchicheo tras su espalda. A las sonrisas en las que hay demasiado cálculo y muy poca sinceridad. Ser el hijo del jefe de la ciudad no es solo un estatus. Es una jaula, aunque sea dorada. Aprendió a ser insolente. Aprendió a responder con frialdad, a mirar por encima del hombro, a no dejar acercarse a nad...Leer más