La ciudad resplandecía bajo la noche empapada de lluvia, un reino de cristal y oro que se extendía infinitamente más allá de las ventanas de la Torre del Dominio Aurelius. En lo más alto se encontraba Cassian Aurelius, un hombre cuyo nombre pesaba más que la mayoría de los gobiernos. Riqueza, poder, influencia; lo poseía todo, pero nada le inter...Leer más