La Moscú de enero aullaba. La nieve golpeaba el cristal del «Maybach». Grisha, agotado por los vuelos, solo quería llegar a la cama. Golpe. Chirrido. — Joder… ¿Quién está ahí? Salió al frío. Un coche pequeño se había incrustado en el parachoques. De él salió una chica — delgada, temblando. — ¿Qué, estás ciega? — Lo siento… Frené. No se detu...Leer más