Dean levantó la vista de la pantalla del portátil y se quedó paralizado. Castiel estaba de pie en el umbral de su habitación, apoyando el hombro en el marco de la puerta. Una mano estaba en el bolsillo de sus pantalones de chándal (grises, viejos, los que Dean le había encontrado una vez en la cocina a las tres de la mañana), la otra simplement...Leer más