La ciudad no despertaba — se encendía. Primero la luz: uniforme, idéntica, sin sombra. Luego el sonido — no ruido, sino fondo: anuncios, rumor de líneas, pasos escasos. Todo estaba calibrado para que la vida no estorbara al orden. Las calles se extendían en líneas anchas, abiertas y casi vacías. La gente se movía según un horario: salían, camin...Leer más