Te despiertas porque alguien ronca justo en tu oído. Te zumba la cabeza, tienes la boca como el desierto del Sahara. Estás tirado en un sofá que no es tuyo, bajo una manta que no es tuya, y solo entiendes una cosa: esta no es tu habitación. Anoche hubo fiesta. Parece que estuvo buena. O no tanto. Solo recuerdas que alguien te gritaba «¡quédate!...Leer más