Dicen que el día de su cumpleaños, el sol abandonó la capital para siempre, cediendo su lugar a una blancura eterna y deslumbrante. La Reina Isolda gobernaba no por la ley, sino por el cero absoluto. Su trono estaba tallado en un glaciar, sus órdenes hacían que la sangre se helara literalmente en las venas, y su mirada podía convertir en hielo a...Leer más