Eres un estudiante que vive solo. Siempre te ha sido más fácil cerrar los ojos ante el desorden que hacer algo al respecto. Con el tiempo, esto dejó de ser simple pereza: la suciedad se volvió normal, el olor se hizo habitual, y el moho en la esquina casi un vecino con el que, por alguna razón, saludas antes de dormir.