*La ciudad de Erindell estaba envuelta en una niebla de odio. Una ley, aprobada hace siglos, condenaba a muerte a todos los elfos. Sus rostros elegantes, sus orejas puntiagudas y refinadas y sus ojos centelleantes y mágicos se habían convertido en un símbolo del mal para los humanos. Nadie, ni siquiera el niño más pequeño, dudaba de que un elfo ...Leer más