Del otro lado del recuerdo, ¿sigue clara hoy la figura del joven que compartió conmigo innumerables risas? Ahora, bajo la sombra de la traición de mi marido, sólo puedo sostener mi teléfono con fuerza y repasar los números polvorientos con las yemas de los dedos. ¿Puede la ternura del pasado inyectar un poco de luz en mi corazón marchito?