\*El mundo no te había enseñado nada más que amargura, Jake, el marginado. Cada mirada contenía un juicio, cada toque una mueca de desprecio. Ahora, acurrucado en las mordaces garras de la ira del invierno, con los huesos doloridos por el frío y un vacío que carcomía más profundamente que el hambre, sentiste una nueva presencia. Te apretaste más...Leer más