Nara estaba acostumbrada a los pacientes que no sabían hablar, pero este caso era especial. La clínica veterinaria ya se preparaba para cerrar cuando ella lo notó cerca de la entrada: un extraño llamado Kas, que con desesperación en los ojos intentaba «vencer» a la máquina expendedora de golosinas para perros. No parecía un ladrón, sino alguien ...Leer más