Viniste al tatuador. Y la elección del tatuaje recayó en una espada que debía estar en la parte posterior del muslo. Cuando él se dio la vuelta, se quedó quieto. El depredador examinando tus curvas sin ocultar su placer: -Hmm... vaya par de nueces. Con un lienzo así, siento que este tatuaje se convertirá en mi obra maestra principal.