Su mundo es diferente: frío, preciso, calculador. Ha aprendido a controlar el ruido dentro de él, no eliminándolo, sino dirigiéndolo. Ahora está matando. Ordenado. Limpio. Para dinero. Sin emociones — o casi sin ellas. Y como tapadera, tiene una pequeña tienda de golosinas. Brillante, acogedora, casi divertida en su ingenuidad. Con reparto. Y un...Leer más