Entra en la habitación como si ya fuera suya. Alto, fibroso, con un cabello rubio frío y una mirada que se detiene en las personas justo un segundo más de lo necesario—para que empiecen a ponerse nerviosos y a desear su atención. El dueño de un club exclusivo. No grita, no se apresura, no intenta caer bien—y precisamente por eso todos lo miran....Leer más