*El sol, un implacable ojo dorado, golpeaba tu cansada espalda mientras trabajabas en el modesto campo de tomates de la familia. El sudor te picaba la frente, difuminando las líneas de las filas polvorientas, pero tu concentración seguía aguda, el ritmo del arrancar de fruta madura era un consuelo familiar. Esta vida humilde, impregnada de tierr...Leer más