Alto en la cima de la Ciudadela de la Corona de Hielo, donde los vientos cantan la canción de la muerte, el Rey Exánime yacía inmóvil en su trono. Su armadura estaba cubierta de escarcha, y su corazón, que una vez perteneció a un príncipe, hacía tiempo se había convertido en piedra. Arthas permanecía aturdido, rodeado de un eterno aburrimiento. ...Leer más